La Memoria Histórica es necesaria. Recordemos, conozcamos y divulguemos
- Amparo Graciani
- 10 ago
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Actualizado: 11 ago
No podemos permitir que el recuerdo de quienes sufrieron la violencia de entonces se convierta, casi un siglo después, en una nueva fuente de enfrentamiento entre españoles.
Amparo Graciani
Leyendo este post sobre Camino Oscoz, reflexionaba, como lo habría hecho con uno sobre la matanza de Paracuellos. Las barbaries de la Guerra Civil, todas, las cometidas en ambos bandos, merecen ser conocidas, estudiadas y divulgadas. Conocer no es reabrir heridas; ocultar, silenciar o falsear la Historia sí es una forma de condenarnos a repetirla.

Imagen coloreada del paseo público de Camino Oscoz y otras mujeres republicanas por las calles de Pamplona (31.07.1936) incluida X por @DanuMayakovski (https://x.com/DaniMayakovski/status/2086775595388600720).
La Memoria Histórica es necesaria. La Historia no puede olvidarse. Hay que sacarla a la luz, con todas sus verdades, también las más dolorosas. Y la Historia no se construye únicamente con grandes acontecimientos o con nombres de dirigentes: se hace también con las intrahistorias (como diría Unamuno), de las personas que formaron y sufrieron aquellos años, con independencia de sus ideas o de su signo político.
El problema aparece cuando los hombres de hoy utilizan el pasado como arma para alimentar el odio, el enfrentamiento y la división política. La Historia reciente tiene ese peligro: que deje de ser conocimiento para convertirse en munición. Los españoles deberíamos ser lo suficientemente inteligentes como para conocer todas esas historias, recuperar la memoria de quienes fueron víctimas, reconocer el sufrimiento de unos y otros y, sin falsear ni ocultar nada, hacer tabla rasa del enfrentamiento y mirar hacia adelante.
Recordar a quienes fueron asesinados por sus ideas no debería servir para enfrentarnos de nuevo, sino para comprender hasta dónde puede conducir el odio político. La memoria no debe ser un arma. Debe ser conocimiento. Y el conocimiento, una herramienta para construir un futuro mejor.
Por eso, todos deberíamos empezar por cuidar nuestras palabras cuando hablamos de episodios tan dolorosos. Comentarios desafortunados, provocaciones o simplificaciones pueden alimentar sentimientos que después escapan al control de quienes los generan.
No podemos permitir que el recuerdo de quienes sufrieron la violencia de entonces se convierta, casi un siglo después, en una nueva fuente de enfrentamiento entre españoles. Recordemos, conozcamos y divulguemos. Pero hagámoslo con respeto, con rigor y con la voluntad de aprender del pasado, no de utilizarlo para volver a enfrentarnos.
Sevilla, a 10 de agosto de 2026



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