top of page

El 4 de julio que Sevilla dejó escapar

  • Foto del escritor: Amparo Graciani
    Amparo Graciani
  • 4 jul
  • 6 min de lectura

Mientras Estados Unidos ha preparado durante 10 años la celebración de su 250 aniversario, Sevilla ha dejado pasar una ocasión única en la construcción del camino hacia 2029.


Amparo Graciani




Dentro de poco menos de tres años Sevilla celebrará el centenario de la Exposición Iberoamericana de 1929. Será, sin duda, una de las grandes conmemoraciones de nuestra historia reciente. Pero hay una pregunta que resulta inevitable: ¿estamos preparándola con la ambición, la planificación y la visión internacional que requiere un acontecimiento de esa magnitud?


Mucho me temo que no. Y la mejor prueba es que 2026, un año extraordinario para ensayar el camino hacia Sevilla 2029, está pasando prácticamente desapercibido.


2026 no es un año cualquiera. Es una extraordinaria concentración de efemérides con un enorme potencial para impulsar la proyección internacional de Sevilla y preparar el camino hacia 2029. 2026 no es un año de efemérides cualesquiera. Difícilmente volverán a coincidir en un mismo año aniversarios con semejante potencial para proyectar internacionalmente la ciudad: el centenario del vuelo del Plus Ultra, símbolo de la unión entre España e Iberoamérica; el quinto centenario de las bodas de Carlos V e Isabel de Portugal en Sevilla; el 150 aniversario del nacimiento de Aníbal González, el arquitecto que dio forma a la Plaza de España; y el 250 aniversario de la independencia de los Estados Unidos, una celebración de alcance mundial estrechamente vinculada a la historia compartida entre ambos países.


2026 era el escenario perfecto para comenzar a construir el relato internacional de Sevilla 2029.


Sin embargo, mientras aquí seguimos moviéndonos entre anuncios dispersos y proyectos inconexos, Estados Unidos lleva una década preparando su gran aniversario nacional. En 2016, el Congreso estadounidense creó la U.S. Semiquincentennial Commission. Desde entonces, administraciones federales y estatales, ciudades, universidades, fundaciones, empresas y organizaciones civiles trabajan conjuntamente en un proyecto nacional que trasciende cualquier color político. Los expresidentes George W. Bush y Barack Obama, junto con Laura Bush y Michelle Obama aceptaron presidir honoríficamente la iniciativa.


No se trata únicamente de recordar el pasado. Se trata de utilizar una efeméride como instrumento de política cultural, diplomacia pública, atracción turística, fortalecimiento empresarial y proyección internacional; de entender, y no solo de decirlo, que los aniversarios no sirven únicamente para mirar hacia atrás, sino que sirven para construir futuro.


Imagen IA, diseñada por Amparo Graciani



Precisamente por eso resulta difícil comprender que Sevilla haya permanecido prácticamente al margen de una oportunidad histórica que encajaba de forma natural con el camino hacia 2029.


Hace casi dos años, en la segunda sesión del Comisariado de Sevilla 2029 celebrada el 30 de septiembre de 2024, propuse incorporar Sevilla al programa internacional del 250 aniversario de la independencia de los Estados Unidos mediante una gran iniciativa cultural y empresarial que utilizara 2026 como antesala del centenario de la Exposición Iberoamericana. El proyecto, que me había sido presentado por tres personalidades del ámbito económico y cultural de reconocido prestigio internacional, contemplaba una exposición multimedia itinerante entre España y Estados Unidos, programas académicos, actividades empresariales, iniciativas culturales y turísticas y una estrategia destinada a fortalecer los vínculos económicos, universitarios y sociales entre ambos países. El extraordinario nivel de planificación del programa estadounidense, su amplia financiación, el respaldo institucional y empresarial del que disfrutaba y el enorme potencial que ofrecía para favorecer la participación de entidades norteamericanas en Sevilla 2029 constituían, a mi juicio, razones más que suficientes para asumir aquel reto.


No era una idea improvisada. Partía de una realidad histórica incontestable. Sevilla fue durante siglos puerto y puerta de América. Desde aquí se organizó buena parte del comercio con el Nuevo Mundo, se administraron las relaciones con los territorios americanos, se fabricó armamento que contribuyó a la independencia de los Estados Unidos y, en 1929, la ciudad volvió a convertirse en un espacio privilegiado para el encuentro entre España, Iberoamérica y Norteamérica gracias a la Exposición Iberoamericana en la que la presencia estadounidense fue determinante.


Lo verdaderamente significativo es que aquella oportunidad no pasó inadvertida para el propio Comisariado. Según recoge el acta de aquella sesión, la Comisión valoró expresamente la conveniencia de vincular Sevilla 2029 a la conmemoración estadounidense y destacó el elevado nivel de planificación del programa USA 2026, su dimensión internacional, el respaldo institucional y empresarial del que gozaba y las oportunidades que esa colaboración podría generar para la ciudad. Es decir, la oportunidad fue identificada. Se reconocieron sus ventajas y su evidente interés estratégico.


Y, sin embargo, dos años después, nada de aquello se ha materializado. Resulta difícil encontrar una explicación convincente. ¿Se dejó pasar porque la iniciativa no había nacido del actual Comisario, o precisamente porque había sido planteada por mí? ¿Porque exigía una capacidad de planificación y de interlocución internacional que nadie quiso asumir? ¿O, sencillamente, porque seguimos instalados en una forma de gestionar las grandes efemérides basada en la inercia y el corto plazo?


Sea cual sea la respuesta, la conclusión es la misma: Sevilla ha desperdiciado una oportunidad excepcional para comenzar a construir, con ambición y visión internacional, el camino hacia 2029.


Quizá el verdadero problema sea que seguimos entendiendo las conmemoraciones como una sucesión de actos cuando deberían convertirse en auténticos proyectos de ciudad.


Las grandes efemérides no son únicamente aniversarios. Son herramientas para generar actividad económica, atraer inversiones, fortalecer relaciones internacionales, crear redes universitarias, consolidar intercambios culturales, incrementar el turismo de calidad y posicionar internacionalmente una ciudad durante años.


Eso era exactamente lo que ofrecía USA 2026. Incorporarse a esa programación habría permitido situar a Sevilla en una red internacional seguida por millones de personas; fortalecer las relaciones con universidades estadounidenses; implicar cámaras de comercio, empresas e instituciones culturales; incrementar el turismo norteamericano —uno de los mercados con mayor potencial de crecimiento— y, sobre todo, comenzar a construir con tres años de antelación el relato internacional del centenario de la Exposición Iberoamericana. Habría significado llegar a 2029 con alianzas consolidadas, una mayor proyección exterior y un proyecto mucho más atractivo para atraer patrocinadores e inversiones.


No hablamos de organizar una conmemoración más; hablamos de estrategia.


La historia demuestra que la propia Exposición Iberoamericana de 1929 fue mucho más que una muestra arquitectónica. Constituyó un gran laboratorio de relaciones internacionales donde convivieron el hispanoamericanismo, el panamericanismo, la diplomacia cultural y las nuevas relaciones entre España, Estados Unidos e Iberoamérica. Esa dimensión internacional forma parte de la esencia misma del certamen y constituye una de sus principales enseñanzas.


Por supuesto, la Sevilla de 1929 no fue una ciudad ideal. Vivía profundas desigualdades sociales, asistía al crecimiento de nuevos barrios obreros y experimentaba las tensiones propias de una modernización acelerada. El centenario no debe ocultar esa realidad ni caer en una visión complaciente del pasado. Al contrario, constituye una magnífica oportunidad para incorporar esas otras historias —las de los trabajadores, los nuevos barrios y las transformaciones sociales que acompañaron a la Exposición— a un relato más amplio, más complejo y más completo.


Pero reconocer esa dimensión social no debería hacernos olvidar la otra gran lección de 1929: la extraordinaria capacidad que tuvo Sevilla para proyectarse internacionalmente. La Exposición Iberoamericana fue, al mismo tiempo, un proyecto de ciudad y un proyecto de país; un espacio de encuentro entre Europa, Iberoamérica y Estados Unidos, donde la diplomacia cultural, las relaciones económicas y la cooperación internacional adquirieron un protagonismo sin precedentes. Reducir el centenario exclusivamente a una lectura local o social sería tan empobrecedor como ignorar las desigualdades de aquella Sevilla. La verdadera riqueza de la conmemoración reside precisamente en integrar ambas dimensiones.


Y hoy, 4 de julio, esa reflexión adquiere un significado especial.


Mientras Estados Unidos celebra el 250 aniversario de su independencia con una programación preparada durante diez años, respaldada por instituciones federales, estados, universidades, empresas y organizaciones civiles, Sevilla contempla esa efeméride desde la distancia. Una ciudad que fue puerto y puerta de América; que desempeñó un papel esencial en las relaciones entre España y el Nuevo Mundo; que conserva profundos vínculos históricos con los Estados Unidos y que dentro de tres años celebrará el centenario de la Exposición Iberoamericana debería haber encontrado en esta fecha una magnífica oportunidad para comenzar a construir su propio relato internacional.


No ha sido así. Hoy no hemos perdido simplemente una celebración. Hemos perdido una ocasión para que Sevilla estuviera presente allí donde se estaba escribiendo una parte de su propia historia; para estrechar vínculos con universidades, empresas e instituciones culturales estadounidenses; para atraer nuevas inversiones, fortalecer relaciones económicas y proyectar internacionalmente la ciudad justo cuando el mundo miraba hacia una historia que, en buena medida, también es la nuestra.


Todavía estamos a tiempo de corregir el rumbo.


Sevilla 2029 necesita mucho más que una agenda de actividades. Necesita una estrategia internacional; necesita conectar con las grandes redes culturales, académicas y empresariales; necesita aprovechar las oportunidades antes de que desaparezcan; necesita comprender que las grandes conmemoraciones no se improvisan unos meses antes, sino que se preparan durante años.


El problema no es haber llegado tarde al 4 de julio de 2026. El verdadero problema sería llegar con la misma falta de ambición al centenario de la Exposición Iberoamericana.


Porque las oportunidades históricas tienen una peculiaridad: nunca anuncian que será la última vez que pasen. Es triste que los actuales gestores del proyecto Sevilla 2029, hoy puedan ser conscientes de lo que Sevilla ha perdido cuando ya han pasado de largo, simplemente por no escuchar. Hoy, 4 de julio de 2026, Sevilla ha dejado escapar una de ellas. Ojalá no ocurra lo mismo cuando llegue 2029.


Sevilla, a 4 de julio de 2026


1 comentario


salascv
05 jul

Excelente reflexión. La historia de América no se puede desvincular de la de España con sus aciertos y errores, pero también con indudables avances. Y todo ello tuvo como centro logístico a Sevilla, ciudad de brillante ejecutoria y protagonismo durante los grandes descubrimientos. además de capital del comercio marítimo durante el Imperio Español. Justo es que las instituciones de gobierno presten el mayor apoyo a la capitalidad de Sevilla para conmemorar la creación de los EE. UU. de América, parte de cuyo territorio también fue español.

Me gusta

© 2025. By Amparo Graciani. Seville, Spain
Created with 
Wix.com

bottom of page