Luis Cernuda merece algo más
- Amparo Graciani
- 28 jul
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Actualizado: 30 jul
Corregir esa placa no resta prestigio al Ayuntamiento; al contrario, demostraría respeto por Luis Cernuda, por nuestra lengua y por todos los sevillanos.
Amparo Graciani
Hace algunos años, al entrar en El Corte Inglés de Nervión, que es como mi segunda casa, vi un cartel que indicaba la salida hacia Luis de Morales. El nombre aparecía escrito con una tilde en la i de «Luis», un error ortográfico tan frecuente como incorrecto.
En lugar de limitarme a pensar que alguien acabaría corrigiéndolo, bajé a la librería del centro. Allí busqué El libro del español correcto (que siempre regalo a mis doctorandos) y localicé la página en la que se advertía de uno de los errores ortográficos más frecuentes: colocar una tilde indebida en palabras con el diptongo ui. El propio libro utilizaba como ejemplo el nombre «Luis», precisamente el mismo error que aparecía en el cartel.
A continuación me dirigí a Atención al Cliente para presentar una sugerencia. Me sorprendió que únicamente existiera un impreso de quejas. En la Escuela Universitaria de Arquitectura Técnica de la Universidad de Sevilla, donde se aplicaba el modelo europeo de calidad EFQM, disponíamos de procedimientos específicos para gestionar quejas, sugerencias, reclamaciones y felicitaciones. Me resultó extraño que una empresa como El Corte Inglés no contemplara algo parecido.
Aun así, cumplimenté aquel formulario explicando que, como docente preocupada por el nivel ortográfico de nuestros alumnos, me sentía en la obligación de sugerir la inmediata rectificación de un error que miles de personas iban a leer cada día. En el escrito indiqué la página exacta de El libro del español correcto donde se explicaba esa regla ortográfica y señalé que podían comprobarla directamente, ya que el propio establecimiento tenía el libro a la venta en su librería.
Era Viernes de Dolores. Me llamó especialmente la atención que el mismo Lunes Santo, mientras estaba haciendo torrijas, recibiera una llamada del director de El Corte Inglés de Sevilla. Con una extraordinaria educación me agradeció personalmente la sugerencia y me explicó que ya habían tomado nota para corregir todos los carteles. Además, me animó a hacerles llegar cualquier otra observación que, a mi juicio, pudiera contribuir a mejorar su trabajo. Recuerdo perfectamente que me dijo que para ellos era muy importante hacer las cosas correctamente y que ese compromiso alcanzaba también a la corrección ortográfica de toda su comunicación. Aquella respuesta, tan rápida como elegante, me dejó una magnífica impresión.
En realidad, no era la primera vez que hacía algo parecido. El mismo día de la inauguración de Leroy Merlin advertí que un gran cartel daba la bienvenida a los clientes con el lema «Ayúdanos a “mejorar dia a dia”», sin las tildes correspondientes en la palabra día. También entonces me acerqué a Atención al Cliente para comunicarlo. Siempre he pensado que, cuando una empresa o una administración coloca un texto que va a ser leído por miles de personas, tiene la responsabilidad de cuidar especialmente la corrección del lenguaje. Debo decir que también acostumbro a poner felicitaciones cuando me siento especialmente bien atendida, aunque a veces eso me tome más tiempo de la cuenta.
He recordado aquellas experiencias al conocer la nueva placa instalada por el Ayuntamiento de Sevilla en el Paseo de los Poetas para homenajear a Luis Cernuda. El objetivo de ese espacio es inmortalizar a algunos de los grandes nombres de la Generación del 27 y, precisamente por ello, resulta especialmente doloroso que la placa dedicada a uno de nuestros mayores poetas contenga dos errores ortográficos: de nuevo, una tilde indebida en la I de Luis y un espacio de más detrás del guión corto que separa sus fechas vitales. Aún no he pasado por el paseo pero he tenido conocimiento de ello a través del post en X de la Asociación Vicente Aleixandre que reclama al ayuntamiento su rectificación.

Fot. Publicada en X por @AleixandreMerlo. 29.07.2026.
Creo sinceramente que la placa merece una sustitución inmediata y discreta. No se trata de buscar culpables ni de convertir un simple fallo en una polémica. Todos podemos equivocarnos. Lo verdaderamente importante es la forma en que reaccionamos cuando el error se pone de manifiesto. Pero no todo vale. Un post en redes sociales puede tener su razón de ser; escribimos en teléfonos apenas sin ver, o con rapidez, pero aquí no vale.
Más allá de la imagen que proyecta el Ayuntamiento, lo que realmente me preocupa es el valor pedagógico de esa placa. Los rótulos, los monumentos y las inscripciones públicas también enseñan. Miles de personas —entre ellas muchos escolares— leerán ese texto durante años confiando en que lo escrito por una administración pública es correcto. Por eso, un error de esta naturaleza no es una simple anécdota: transmite un modelo equivocado y contribuye, sin pretenderlo, a normalizar una incorrección.
Quizá por eso no he podido evitar recordar la diligencia con la que reaccionó hace años una empresa privada ante una sugerencia formulada por una simple clienta. Si El Corte Inglés consideró que merecía la pena corregir de inmediato un cartel y agradecer personalmente la observación realizada, con mayor motivo una administración pública debería actuar del mismo modo cuando el error aparece en un homenaje permanente dedicado a uno de los grandes poetas de nuestra literatura. Corregir esa placa no resta prestigio al Ayuntamiento; al contrario, demostraría respeto por Luis Cernuda, por nuestra lengua y por todos los sevillanos.
Sevilla, 28 de julio de 2026



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