Una pausa para reflexionar ante la quedada del 24
Una protesta planteada de este modo puede terminar deslegitimando los argumentos que llevamos semanas defendiendo. La polémica debería cesar, al menos de momento. Los cauces legales ya están abiertos.
Amparo Graciani García
Para el próximo día 24 se ha convocado a través de las redes sociales, en la Plaza de la Virgen de los Reyes, una «quedada» bajo el lema: CONTRA LA PRIVATIZACIÓN DE SEVILLA. SEVILLA RECUPERA SUS PLAZAS.
Evidentemente, la convocatoria está relacionada con la polémica celebración el pasado 17 de septiembre de la gala de los XX Premios Escaparate en este espacio. Me preocupan las consecuencias que pueda tener y, sobre todo, no termino de entender el planteamiento. Por eso voy a intentar aportar un poco de reflexión —y espero que también algo de cordura— exponiendo algunas consideraciones con relación a los objetivos de la quedada y el espacio escogido.

¿Privatizar o regular?
Según el lema, lo que se pretende reivindicar es que las plazas públicas no tengan usos privados. Bien. Toda opinión es respetable. Pero conviene recordar que Sevilla cuenta con una Ordenanza Reguladora de la Ocupación de los Espacios Públicos del Conjunto Histórico Declarado. De ahí que me pregunte: ¿se pretende que los espacios públicos —y no solo las plazas— no puedan ser ocupados para determinados usos, o se pretende que esos usos estén mejor regulados, limitados y controlados? Porque no es exactamente lo mismo.
No sé si los convocantes han valorado las repercusiones —tanto positivas como negativas— de los distintos tipos de ocupación de los espacios públicos que contempla la Ordenanza. Quizá, antes de oponernos a cualquier forma de ocupación, e incluso antes de acudir a una convocatoria de este tipo, deberíamos conocer qué consecuencias tendría eliminarla, para valorar si es lo más conveniente, si habría que modificarla o incluso mantenerla en sus términos actuales.
Entiendo que si lo que se plantea es que los espacios públicos no puedan ser objeto de ocupación privada, habría que abrir también un debate mucho más amplio: qué usos deben permitirse, cuáles deben limitarse, cuáles deberían quedar excluidos y bajo qué condiciones. En ese sentido, una consulta ciudadana podría ser una herramienta interesante.
Con relación a la quedada del día 24, a mí me interesa más promover la reflexión que imponer una opinión, pero diré cuál es la mía. Por muy legítima y acertada que sea la defensa del carácter público de nuestras plazas —que lo es—, creo que debemos ser conscientes de las consecuencias que tendría eliminar, sin más, cualquier posibilidad de ocupación regulada. Quizá el problema no sea el uso privado de los espacios públicos en sí mismo, sino los usos indebidos, abusivos o ajenos a los parámetros establecidos.
Personalmente, aunque confío poco en determinados procedimientos de elaboración y aplicación de las ordenanzas —a la vista, por ejemplo, de lo sucedido con la de veladores o con la gestión de la Plaza de España—, abogaría por revisar y mejorar la Ordenanza y, sobre todo, por reforzar el control de su cumplimiento. Creo que las claves deberían ser muy claras:
Establecer mayores límites y reducir al mínimo las excepcionalidades.
Exigir controles más rigurosos en la concesión y aplicación de las autorizaciones.
Determinar responsabilidades cuando se concedan autorizaciones indebidas o se produzcan usos abusivos.
Garantizar que los beneficios económicos para la ciudad sean proporcionales a la repercusión del evento y reviertan realmente en el interés general, vinculándolos, cuando proceda, a fines concretos y verificables.
Asegurar que los costes derivados de la actividad —limpieza, seguridad, mantenimiento, conservación, etc.— no recaigan injustificadamente sobre lo público.
Y, sobre todo, establecer criterios especialmente rigurosos cuando el espacio afectado posea valores patrimoniales, culturales, simbólicos o religiosos singulares.
Una cuestión de lugar y de coherencia
Por otra parte, considero que, si la ciudadanía quiere manifestarse con ese lema, la Plaza de la Virgen de los Reyes no es el lugar más adecuado. Y aquí voy a ser muy clara. Una sentada para protestar contra la ocupación de los espacios públicos no debería terminar convirtiendo precisamente uno de esos espacios en el escenario de otra ocupación, aunque sea reivindicativa. Y menos aún si la protesta se plantea como una especie de encuentro informal con tortillas, filetes empanados y demás.
No creo que sea la mejor manera de defender lo que estamos defendiendo. Comprendo que muchas de las personas que puedan acudir no tengan principios religiosos o no concedan especial importancia a los valores patrimoniales del conjunto. Pero esos valores existen, independientemente de que uno participe de ellos o no.
Y comprendo también que, para algunos, esta convocatoria pueda convertirse en una oportunidad para expresar su rechazo al gobierno de José Luis Sanz. Qué voy a decir yo, que tan abiertamente he cuestionado su gestión.
Pero tampoco creo que sea ese el camino. Y pienso así no porque no entienda el enfado, sino porque no se trata de que unos ciudadanos ofendan a otros, y menos aún en un espacio cuyos valores religiosos, patrimoniales, culturales y simbólicos son precisamente los que estamos reivindicando.
Si lo que cuestionamos es una decisión administrativa, la protesta debería dirigirse hacia quienes la han tomado o permitido. Por eso, una concentración tendría mucho más sentido ante el Ayuntamiento, en la Plaza Nueva, o ante alguna sede de la Junta de Andalucía, que tampoco debemos olvidar que tiene competencias en materia de patrimonio y parece haber eludido sus responsabilidades.
La Plaza de la Virgen de los Reyes no debería convertirse en el escenario de esa protesta. Es precisamente uno de los espacios cuyo carácter y protección estamos defendiendo. Y tampoco tendría demasiado sentido concentrarse ante el Palacio Arzobispal o la Catedral. Ni el Arzobispado ni el Cabildo son quienes han autorizado el evento.
Ha llegado el momento de hacer una pausa y reflexionar
Creo que la polémica debería cesar, al menos de momento. Los cauces legales ya están abiertos. Dejemos que funcionen. Hemos planteado las cuestiones que consideramos relevantes y ahora corresponde conocer qué hay detrás de la autorización y cómo se ha tramitado.
Dejemos de elucubrar, de ofensas y de dimes y diretes. Sevilla tiene muchos problemas por abordar. Esperemos al expediente administrativo y abordemos con reflexión esta cuestión. Estoy convencida de que, cuando se conozca el expediente, aparecerán muchas cosas. Algunas probablemente nos sorprenderán y otras quizá piquen. Aunque, sinceramente y con dolor de mi corazón, temo que finalmente no pase gran cosa. Ya hemos visto situaciones anteriores, como Ias relativas a la celebración de Icónica que incumple toda normativa. Pero eso es otro cantar, sobre el que, estoy segura, Sevilla terminará cantando.
Lo importante ahora es no convertir un problema de gestión del patrimonio y de responsabilidad administrativa en una cuestión de enfrentamiento entre ciudadanos. Eso no significa olvidar lo ocurrido. Todo lo contrario. Tiremos del hilo. Conozcamos el expediente. Averigüemos quién informó, quién autorizó, con qué argumentos, con qué informes y al amparo de qué normas. Y, si existen responsabilidades, que se depuren. Y que se tire de más hilos. Porque el objetivo no debería ser montar una escena más en la Plaza de la Virgen de los Reyes. El objetivo debería ser saber cómo se ha llegado hasta aquí y evitar que vuelva a ocurrir.
La Plaza de la Virgen de los Reyes no necesita otra polémica. Necesita que se la respete.
Sevilla, a 20 de septiembre de 2026


Das vergüenza ajena