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Gemelos digitales, patrimonio y Universidades: contradicciones y oportunidades perdidas ante Sevilla 2029

  • Foto del escritor: Amparo Graciani
    Amparo Graciani
  • hace 5 días
  • 5 Min. de lectura

Comprar tecnología no es construir conocimiento ni promover la implicación en el proyecto


Amparo Graciani



En la prensa local de ayer se anunciaba, una vez más, que la Gerencia de Urbanismo sacará a concurso el desarrollo del gemelo digital de la muralla de la Macarena y del patrimonio de la Exposición Iberoamericana, financiado con fondos Next Generation. La iniciativa se presenta como lo que es: un paso hacia una ciudad más eficiente, innovadora y preparada para el futuro.


Aunque celebro que, por fin, se materialice una idea que ya contemplaba —aplicada al patrimonio de la Exposición Iberoamericana— en mi proyecto de Sevilla 2029, debo decir, que esta iniciativa se plantea en un contexto contradictorio. De hecho, este legado presenta en muchos casos un estado preocupante, y siguen produciéndose —o permitiéndose— usos y prácticas difícilmente compatibles con los principios de la conservación preventiva. El caso del Icónica Fest es, probablemente, el ejemplo más evidente, aunque ejemplos existen muchos.


Ayer, tras conocer la noticia, anoté en mi diario personal (que, por cierto, vale un potosí) una serie de reflexiones que decidí no hacer públicas en ese momento. Sin embargo, después de ver el reciente reel de nuestro alcalde tras la firma de un acuerdo con las cinco universidades de Sevilla (que ya formaban parte del Consejo Sevilla 2029 desde su constitución en julio de 2024), considero que aquellas palabras cobran hoy más sentido que nunca.


Y por eso creo que ha llegado el momento de compartirlas. Porque tengo la sensación de que a este Ayuntamiento se le están escapando oportunidades valiosas. Y, sinceramente, no alcanzo a comprender por qué. Detecto contradicciones, cierta falta de coherencia estratégica y, sobre todo, decisiones que parecen desaprovechar el potencial existente. Quizá convendría detenerse a reflexionar sobre ello. Pero empecemos por el principio.


Hablemos de los gemelos digitales, para que cualquier lector pueda entender con claridad de qué estamos hablando realmente.



Qué es un gemelo digital


Un gemelo digital es una réplica virtual de un entorno físico que no solo lo representa, sino que lo conecta con datos reales y permite analizarlo, simularlo y anticipar decisiones. A diferencia de un modelo 3D convencional, integra información procedente de múltiples fuentes —datos geoespaciales, sensores, usos urbanos— y permite ensayar escenarios antes de intervenir sobre la ciudad real. Es, en esencia, una infraestructura de conocimiento.


Sus ventajas son claras y están ampliamente contrastadas: mejora la planificación urbana al trabajar con modelos precisos y actualizados; permite optimizar la gestión de infraestructuras; facilita la toma de decisiones basada en datos; reduce costes al evitar errores en la intervención; y abre nuevas posibilidades de análisis sobre movilidad, comportamiento del espacio público o impacto ambiental.




El potencial transformador en el patrimonio


Pero hay un ámbito donde su potencial es especialmente transformador: el patrimonio. Un gemelo digital permitiría monitorizar el estado de un edificio, analizar procesos de deterioro o simular intervenciones de conservación antes de ejecutarlas. Además, considerando los edificios no piezas aisladas, sino elementos de un sistema urbano complejo, un gemelo digital permitiría reconstruir sus distintas fases históricas, analizar sus usos actuales, simular escenarios futuros y, sobre todo, entenderlos como un conjunto interconectado.


Estas herramientas permiten algo especialmente relevante de cara a Sevilla 2029: generar nuevas formas de difusión y relación con la ciudadanía. Visualizaciones accesibles, recorridos interactivos, reconstrucciones históricas o experiencias inmersivas pueden convertir el patrimonio en algo comprensible, cercano y compartido. Hasta aquí, la tecnología.



Cómo se construye el proyecto (y por qué importa)


Pero en proyectos de esta naturaleza, el verdadero valor no está solo en lo que se construye, sino en cómo se construye.


Desde mi perspectiva como evaluadora de proyectos de I+D+i —como los del Plan Nacional—, en los que tenido la oportunidad de conocer proyectos y grupos nacionales muy implicados en el diseño de gemelos digitales, debo recordar criterios bien conocidos: generación de conocimiento, capacidad de los equipos, transferencia de resultados, impacto social y colaboración entre agentes. Un gemelo digital del patrimonio sevillano encaja plenamente en estos parámetros. Es interdisciplinar, tiene aplicación directa, permite desarrollar tecnología propia y abre líneas de investigación sostenidas en el tiempo.


Un gemelo digital no es un producto que se compra y se entrega cerrado. Es un sistema en evolución, que requiere investigación continua, desarrollo metodológico, validación en casos reales y adaptación constante. Es, precisamente, el tipo de proyecto que en convocatorias nacionales se articula mediante consorcios en los que participan universidades, centros de investigación y, en su caso, empresas.


Sevilla cuenta con capacidad y masa crítica sobrada para ello. Existen grupos de investigación en sus universidades que trabajan en modelización urbana, patrimonio digital, sistemas de información geográfica, inteligencia artificial o análisis de datos espaciales. Equipos que concurren regularmente a convocatorias competitivas, que generan conocimiento y que, sin embargo, corren el riesgo de quedar al margen de un proyecto estratégico para su propia ciudad.


Como evaluadora de este tipo de convocatorias, esta situación me resulta especialmente llamativa. Porque lo que aquí se plantea, bajo la lógica de un contrato, es exactamente lo que en otros contextos se valoraría como proyecto de generación de conocimiento: interdisciplinar, con impacto territorial, con potencial de transferencia y con capacidad para implicar a múltiples actores. Por eso resulta difícil entender que se plantee como un concurso convencional frente un proyecto de investigación potente apoyado por el Ayuntamiento de Sevilla y las otras administraciones propietarias o concesionarias de los inmuebles.



Los riesgos de un enfoque limitado


La decisión de externalizarlo introduce varios riesgos claros. El primero, que el desarrollo recaiga en grandes consultoras o equipos externos, incluso de otras universidades españolas o internacionales. No por falta de capacidad local, sino por ausencia de un marco que la active. El segundo, que el conocimiento generado no se quede en Sevilla. Y el tercero, quizá más importante, que se pierda la oportunidad de construir un ecosistema estable de colaboración entre administración, universidad y sociedad.



Ciudadanía, universidad y relato: la oportunidad desaprovechada


Porque hay una dimensión que apenas aparece en el planteamiento actual: la ciudadanía. Los gemelos digitales aplicados al patrimonio permiten no solo analizar y gestionar, sino también incorporar relato, memoria y uso social. El patrimonio del 29 no es solo arquitectura: es identidad urbana, experiencia colectiva, historia compartida. Sevilla 2029 ofrecía una oportunidad excepcional para activar esa dimensión mediante herramientas digitales abiertas, capaces de integrar a la ciudadanía y en concreto a los universitarios en la construcción de ese relato.


Un gemelo digital podría haber sido la base para ello: una plataforma donde conectar datos y memoria, análisis y experiencia, pasado y futuro.


Pero si se limita a una licitación tecnológica, esa posibilidad se diluye. La ciudadanía pasa a ser usuaria, no participante. La universidad, espectadora en lugar de agente. Y el proyecto, en lugar de convertirse en un proceso de ciudad, se reduce a una herramienta de gestión. No es la tecnología lo que está en cuestión. Es el enfoque.



Sevilla 2029: entre proyecto de ciudad y oportunidad perdida


Sevilla tiene ante sí la posibilidad de hacer del gemelo digital algo más que un instrumento técnico: un proyecto estratégico de conocimiento, innovación,transferencia y participación de las Universidades en torno a su patrimonio, especialmente en el horizonte de 2029.


Plantearlo como un contrato es, en ese contexto, una respuesta menor para un reto mayor. Y ahí surge la duda de fondo: si estamos ante un verdadero proyecto de ciudad… o ante otra oportunidad que se nos escapa.


Porque no se trata de un caso aislado. En apenas dos días se han anunciado iniciativas relevantes con una cierta grandilocuencia institucional, pero sin que parezca existir una visión articulada que las conecte y les dé sentido estratégico. Y eso es, precisamente, lo preocupante.


Quizá lo que Sevilla 2029 necesita no son más anuncios, sino una mirada integral capaz de alinear conocimiento, instituciones y ciudadanía en torno a un objetivo común.


Sevilla, a 28 de abril de 2026



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